Los ojos en las ventanas

NiEste año hemos vuelto a salir con la tamborrada a animar un poco las calles de la parte vieja donostiarra. Tengo la costumbre de mirar de vez en cuando a las viejas casas de madera, para ver si encuentro a Agustin, escondido quizá entre alguna portezuela, mirando de reojo por algún ventanuco…. todavía no lo he encontrado, pero quién sabe!

Me ha tocado ver en cambio, desperdigadas entre balcones y ventanas infinidad de máquinas, móviles en su mayoría, sostenidos por lo que parecen ser personas. Máquinas acumulando bits y bits de información al instante. Máquinas capaces de grabar y reproducir el recorrido al instante para que lo puedan ver desde Kuala-Lumpur.

Entre toda esa maraña de tapas negras con pequeños objetivos, con suerte también se encuentran ancianas que tímidamente descorren la cortina de la ventana, mirando vergonzosamente hacia la calle, no queriendo ser vistas. Señoras que tararean y se conocen todas y cada una de las canciones. Personas a las que un puñado de músicos aficionados, acompañados por unos pocos barriles y tambores les traen recuerdos tan vivos que les humedecen los ojos.

Al ver esto me pregunto qué pasará dentro de unos años con toda esa cantidad de bits acumulados, millones de píxeles guardados en un sólo día…. ¿conseguirán rememorar los acordes? ¿Darán la oportunidad de aprender alguna canción? ¿Puede que humedezcan algún ojo?
En unos años tendremos hasta lágrimas virtuales y quizá los móviles sean tan inteligentes como para emocionarse y llorar por nosotros.
Hasta entonces, espero poder disfrutar del público esquivo de los balcones; público que se emociona y es capaz de mirar la realidad sin tener una pantalla delante!

Mila esker lehio eta kale kantoietan gurekin gozatzen duzuen guztioi!

Anuncios

Hasta la vista, Agustin

“Hasta la vista Tío!” -le solía decir yo, y esperaba sonriente su rápida respuesta: “Eso le dijo un ciego a otro!”

Se nos ha marchado poco a poco, sin hacer mucho ruido, casi a escondidas dirá alguno. Como vino la enfermedad que le ha ido quitando sus mejores amigas, poquito a poco… sus comidas en la sociedad, la lectura y las ganas de quejarse.
Porque Agustín siempre ha sido un poco cascarrabias, daba igual con quién, dónde y cómo. Era su forma de ser, su forma de enfrentarse a la vida, que no mostró siempre su mejor cara. Un cascarrabias con gran corazón, que ha estado hasta sus últimos días cuidando de Amona, cariñosamente, día a día, comida a comida. Compartiendo sus achaques, en los cuidados diarios, dónde nadie podíamos llegar, allí estaba él. Con sus bufidos característicos y refunfuñando del precio del pescado o el acoso a los fumadores, pero allí estaba. Dándole con sus ocurrencias un toque de humor especial a la vida.

Tioetabiok.DIF
Un sobrino feliz, una abuela feliz y Agustín.

Gracias por todo Agustín, gracias por hacer fácil lo difícil y haber mirado a la muerte con esas ganas, ese humor y refunfuñando de vez en cuando. Las kokotxas que nos prometiste ya las comeremos en otro momento. Cuándo llegue la Tercera República.

Hasta la vista, Tío. Te echaremos mucho de menos.